Los crímenes de masas, los actos de genocidio y la violencia política poseen una dimensión “metafísica” contra el ser humano, como pusieron de relieve autores tan distintos como Elie Wiesel y Vladimir Jankélévitch. Sin embargo, cualquiera que sea su alcance conceptual, son actos concretos que se producen en lugares precisos, transcurren en un tiempo único y sus actores materiales son, a la postre, gentes corrientes. Reconstruir las escenas que resultan de dichos actos supone devolver a las acciones la inmediatez e incluso la banalidad que tuvieron en el momento de su ejercicio.

Ahora bien, una vez reconstruidos los hechos, esos mismos escenarios adquieren una condición simbólica y cultural nueva, son resemantizados en ámbitos sociales diversos: en los procesos criminales que los reconstruyen, en la memoria de víctimas, verdugos y testigos, en los archivos visuales y escritos que los describen y, last but not least, en la recreación artística, literaria y cinematográfica.

Además, estas escenas son a menudo transformadas por la intervención de las sociedades (del Estado, de la nación, de grupos implicados, de exiliados) de muy distintas maneras: mediante una sanción oficial o en virtud de un acto casi clandestino del grupo afectado; mediante un acto ceremonial espontáneo o gracias a un gesto perecedero destinado a que la colectividad rinda homenaje a las víctimas. La sacralización de los lugares de memoria no es, pues, más que uno de los gestos posibles en un universo globalizado en el que la violencia se hace más visible que nunca y el afán de reparación (al menos memorística) más pronunciado que en cualquier otro momento de la historia. Bajo el impulso conmemorativo de las sociedades del s. XX y del s. XXI, los lugares en que se ha ejercido la violencia de masas se han multiplicado hasta límites insospechados y, en ocasiones, han entrado en competencia entre sí. El rango va desde la sofisticación planificada (alambicada o minimalista) de algunos escenarios urbanos hasta las marcas de una “conmemoración espontánea” obrada todavía bajo el duelo inmediato de un atentado.

Este congreso pretende interrogar la tensión producida por esta doble dimensión (presente del acto, futuro conmemorativo) en el tiempo de la escena del crimen. Por otra parte, sugerimos un análisis comparado de casos, a fin de alcanzar una más cabal comprensión de los “estilos” propios de cada época, así como el poder modelizante de los ejemplos más reconocidos y precoces (en particular, el Holocausto). Siguiendo la línea de trabajo iniciada en el congreso El infierno de los perpetradores (noviembre 2017), y en el seno del grupo de investigación «Representaciones contemporáneas del perpetrador de violencias de masa: conceptos, relatos e imágenes» (HAR2017-83519-P), el abordaje de estas cuestiones se plantea desde la perspectiva del estudio de aquellos que perpetraron los actos criminales, aunque, claro está, considerando todos los actores implicados en la escena.

Sugerimos los siguientes aspectos, sin valor restrictivo, siempre considerando la perspectiva de la comisión de los crímenes, es decir, de su perpetración:

Ponentes

Comité Científico

Comité Organizador